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sábado, 25 de abril de 2015

Como buenos cristianos

Viernes, 24 de abril
8am
Via XX Settembre. Terraza de una pequeña cafetería, tomando un cappuccino y fumándome un cigarro, esperando a mis impuntuales amigos y preguntándome quién tubo la brillante idea de pedir hora para ver la famosa Síndone a esas horas intempestivas. Hace frio y estoy rodeada de policías, y de voluntarios religiosos vestidos con túnicas lilas y con sombreros tiroleses (¿?). Descubro el Zara de los curas y obispos:


8,30am
Mimi y su amiga han llegado tarde. Un carabinieri muy guapo nos dice que tenemos que ir a la oficina de reservas a imprimir el papel. Vamos. Nos dicen que se nos ha pasado la hora -en ese momento quiero matar gente-, pero que hay un hueco media hora después. Nos dirigimos a los jardines reales para empezar el recorrido.

9am
Tras pasar unos controles de seguridad dignos del Pentágono, empezamos a recorrer pasillos enmoquetados, con el Echa Pa' Lla "Sube Las Manos Pa Arriba" de Pitbull sonando en nuestros teléfonos (lo sé, nada tiene sentido). 
Caemos en la trampa para turistas de las máquinas expendedoras de Kinder. Nos ponen un video explicándonos lo que vamos a ver... qué mancha es qué cosa, etc... y 800m de recorrido después, llegamos finalmente al Duomo, y sí, pudimos ver la supuesta tela sobre la que colocaron el cuerpo de Jesús en su entierro (según estudios se comenta que data en el siglo XIII, pero quienes son los científicos para cuestionar a la santa madre iglesia)

Foto ilegal total; el cura protestante de nuestra izquierda, y la señora arrodillada de la derecha, pararon su rezo para echarnos una mirada de reproche

Salimos del Duomo sintiéndonos mejor espiritualmente y nos fuimos a desayunar a Porta Palazzo. Compra de verduras para dos semanas, y después en Piazza Castello el café y el cappuccino más caros que hemos pagado hasta ahora; 2,5 y 4€. Parecemos nuevos, Guille.


Tarde de estudio en el Politécnico y noche pasada por Lapsus (ese terrible antro de pecado erasmus) que no puedo explicar en la misma entrada en la que hablo del Santo Sudario por respeto a los creyentes.





sábado, 4 de abril de 2015

De visita a Valle d’Aosta



Con el cuento de la semana santa, nos hemos quedado más solos que la una… así que aprovechamos para ir a Vall d’Aosta a pasar el día.

Madrugón épico a las 6,30a.m. 

7,30a.m. Primer desayuno: Manzana. En busca de la bici. Frío, mucho frío.

Paseo en ToBike para espabilarnos con el fresquito de la mañana, en el que además, me encontré una biblia (como buen viernes santo que era). La biblia de las marcas, la biblia del capitalismo, eso de religioso no tenía ná… pero nos la llevamos igual.
Desayunamos en una cafetería de Vizanglio, con la mejor ensaimada/bollo/cosa con crema que he probado en mi agkjvblafihbajl vida.

8a.m. Segundo desayuno. Café y maravilla de la repostería.
Roberto, un señor que trabaja en el negocio de la compra-venta de oro, y al cual contactamos por blablacar nos lleva por 8€ desde Torino hasta el pueblo de Aosta. A velocidad de crucero de 170km/h de media, llegamos en apenas una hora y cuarto.

El caso, que nos plantamos en Aosta a las 9,30 de la mañana. Tras darnos el paseo de reconocimiento, fuimos a por el que era nuestro tercer desayuno, dónde como en buen café de plaza italiana, nos sajaron sin piedad. 
 
10a.m. Tercer desayuno. Esperando los cappuccinos. Alan nos regaló un huevo de pascua a cada uno.

Después empezamos con el turisteo. 
Aosta era una antigua colonia romana. Por el centro pueden verse las murallas, un teatro en ruinas, un puente... y la Porta Praetoria, entrada principal de lo que era la ciudad romana.


Fuimos a la Colegiata de Sant’Orso. Iglesia, claustro y priorato restaurados mil veces.  En el claustro nos encontramos una colección de capiteles de columnas esculpidos en piedra, dónde tuvimos nuestro momento de recogida (y horror al contarnos unos amigos en ese momento las aberraciones que estaban cometiendo en Lyon).
La iglesia, con frescos muy bien restaurados para regocijo de los amantes del arte. Y finalmente vimos la cripta, dónde está el agujero de san Orso; un asiento de piedra por el que se supone que pasas tres veces y te cura el reuma. No sé si pasamos una, tres o veinte veces... ahí abajo no se veía un cagao’.



Aosta se ve rapidín; a las tres horas estás que quieres huir de ese pueblo, ya que no hay mucho que hacer aparte de ésto… Hay un funicular que te lleva a lo alto de una montaña y ves todo el valle desde ahí, pero somos un poco monguis y se nos pasó.  Para rematar la tarde, gracias al coche de un amigo que casualmeeeeente vive por allí, vimos un par de pueblecitos del valle, jugamos en un parque (sí hijos, sí), y bus para Torino, que era viernes y teníamos que llegar pronto, ducharnos, cenar y salir.